Desde hace décadas, las empresas han hecho un gran hincapié en la cohesión de los equipos de trabajo y en la armonía que debe existir para lograr el éxito que el mercado nos exige, alimentando un proyecto común y el trabajo en equipo.

Sin embargo, comienzan a darse algunas voces críticas, que avisan que el renunciar al pensamiento crítico dentro de nuestras organizaciones nos hacen menos eficientes. Andrew Hill escribía recientemente en el Financial Times sobre el impacto negativo de llevar al extremo el pensamiento colectivo, que puede derivar en descargar o ignorar planteamientos alternativos que podrían suponer la diferencia entre el éxito y el fracaso.

Este tema lo afronta Jon Krakauer en su libro “Into thin air”, donde comparte la trágica historia de la expedición al monte Everest en 1996 donde murieron 8 escaladores del grupo. En su libro, Jon reflexiona sobre la importancia de las diferencias personales a la hora de luchar por un objetivo común y como las acciones individuales de los miembros del equipo pueden afectar en el éxito o el fracaso.

Y es que el luchar por un objetivo común puede hacer que obviemos las diferencias individuales de los miembros del equipo. Unas diferencias que pueden ser muy peligrosas cuando nos organizamos en equipos de trabajo.

Gestion de una Reunion 03
Foto 500PX – https://500px.com/photo/101965223/team-collaboration-by-natta-summerky

Cuando trabajamos con equipos multidisciplinares muchas veces sólo valoramos lo positivo que puede ser tener diferentes puntos de vista para ayudarnos a alcanzar nuestros objetivos. Pero si no tenemos en cuenta las diferencias existentes en el mismo grupo, podemos estar condenándonos a un fracaso irremediable. Por poner un ejemplo, muchas empresas desarrollar proyectos en el que participan diferentes departamentos, pero no se suele tener en cuenta la experiencia y las capacidades de cada departamento a la hora de planificar el plan de trabajo. Otro de los errores típicos de los jefes es pensar que todo el equipo puede trabajar al mismo nivel que él o ella, pero sin contar con la experiencia de años de trabajo que dicha persona cuenta. Esto genera frustración y complica la gestión de los equipos al plantear metas no tan alcanzables para todos sus miembros.

Puedo compartiros una experiencia personal, relacionada con una de mis pasiones: el atletismo. Hace muchos años estuve entrenando medio fondo y fondo. No se me daba mal pero rápidamente comprendí que no iba a ser una profesión de futuro para mí. Así que opté por tomármelo de forma amateur y disfrutar como cualquier otro aficionado a las carreras populares. Eso sí, los años que me pasé entrenando y compitiendo con un equipo de atletismo me permitió aprender técnicas de entrenamiento y de carrera que aun a día de hoy uso y comparto con quien quiera escucharme. Cuando he salido a correr con amigos siempre tenemos el problema sobre el ritmo que vamos a llevar. Si nos adaptamos a los más rápidos, los que están comenzando en este deporte o no tienen tanto aguante rápidamente se desmoronan y abandonan el grupo, o peor aún, se lesionan. Pero si vamos más lentos para que todos puedan aguantar la marcha, los que tienen mejor ritmo se aburren y no quieren salir a correr con todos.

El problema es que si la gente no es consciente de sus limitaciones a la hora de trabajar en equipo, en este caso salir a rodar en grupo para preparar una carrera, el éxito que se esperaba tener nunca acontece. La gente que tiene un ritmo más alto no ve que sus tiempos mejoren y los que tienen un ritmo más bajo, salir a correr con el grupo les parece un suplicio.

Por este motivo es importante conocer las diferencias y particularidades de cada miembro de tu equipo. Me pasó cuando comencé a salir a correr con mi mujer. Al poco tiempo nos dimos cuenta que nuestros ritmos eran completamente distintos y estuvimos a punto de no salir a correr juntos nunca más. Sin embargo, lo hablamos, cada uno expuso sus capacidades, objetivos y metas para ponernos de acuerdo en un plan. Llegamos al acuerdo de salir a correr los dos juntos y, durante un rato, ir a un ritmo algo más fuerte de lo que ella estaba acostumbrada pero no tan lento para mí, para luego poder yo ir a mi ritmo algunos kilómetros y ella relajar su paso y recuperarse del sobre esfuerzo. Aunque por algún tiempo siguió mirándome con cierto odio en sus ojos cuando corríamos juntos (le molestaba que le hablase mientras ella corría casi con el corazón en la mano), en una carrera comprobó como su tiempo total había mejorado considerablemente gracias al entrenamiento conjunto.

Esto es muy similar a cualquier otro equipo de trabajo. No resulta sencillo organizar un equipo de trabajo con diferentes perfiles y capacidades. El hecho que busquemos un objetivo común no debe hacernos olvidar que cada uno tiene un potencial y que debemos saber explotarlo sin tratar a todo el mundo por igual. Con el paso del tiempo, al igual que pasa con los equipos de fútbol, todos aprenden a trabajar juntos, a complementarse y a desarrollarse profesionalmente. Pero si no queremos que nuestro equipo de desmotive y desmorone en pedazos, debemos tener muy claro los aspectos que diferencian a cada miembro de la unidad y como puede aportar esta diferencia al objetivo común.

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